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No repetir los mismos errores

By Desmond Lachman - December 8, 2005 12:00 AM

Rudi Dornbusch, renombrado economista del MIT, solía decir que podía justificar los errores de los miembros de la mesa directiva del Banco de México. Después de todo, eran de carne y hueso. Sin embargo, lo que no pudo entender fue cómo la misma gente cometió posteriormente los mismos errores.

Lo mismo podría decirse de los que elaboran las políticas para América Latina cuando se trata sobre asuntos de políticas de comercio internacional. Una y otra vez, estos redactores de políticas se desvían de la realidad cada vez que se topan con el primer obstáculo de aquellas políticas. Lo hacen a pesar de los ya comprobados beneficios a largo plazo que sus respectivas naciones pudieran cosechar desde un régimen liberal adecuadamente apoyado. Asimismo, en el advenimiento de una abrumadora evidencia mundial, se realiza colocando al libre comercio como un ingrediente esencial para un eficaz desarrollo económico.

Desde la era de Adam Smith y David Ricardo, los economistas han reconocido casi unánimemente los múltiples beneficios que resultan del libre comercio. Entre estos beneficios destacan el hecho por el cual el libre comercio permita que los productores locales exploten la economía de mayoreo donde no podrían participar desde un pequeño mercado local. Igualmente importante son los beneficios los cuales ofrece el libre mercado a los consumidores locales a través de una variedad de productos más amplia y a través del aumento competitivo. Por consiguiente se encuentran también los beneficios que ofrecen los mercados abiertos al ejercer presión para que los realizadores de políticas locales busquen políticas para una economía disciplinada.

Si los economistas clásicos propusieran un marco teórico que favoreciera al libre comercio, la contrastante experiencia en los países industrializados entre la década de 1930 y el período de la posguerra proporcionan una evidencia contundente que apoyaría a los libres mercados. Determinados a no repetir los errores proteccionistas de los 1930, los arquitectos de la economía internacional de la posguerra, establecieron como prioridad la liberación de mercados en su agenda de políticas. Los resultados de esta economía del nuevo orden sobrepasan aún las esperanzas más optimistas. El rendimiento de la economía global ha comprobado su incompatibilidad mejor que en los años entre las guerras, aún con una expansión más rápida del libre comercio a nivel mundial que nos lleve a un incremento del PNI global.

A partir de la década de los 1960, un número de países desarrollados comenzaron a reconocer los enormes beneficios de la apertura en un mercado internacional. Particularmente las economías asiático-orientales experimentaron un milagro económico al abandonar las políticas de sustitución de importaciones y adoptaron una estrategia externa de desarrollo. Entre estos países, el increíble desarrollo de Corea en un período de unos 40 años es quizás lo más sorprendente. Sin embargo, otras naciones como China, Malasia, Singapur, Tailandia y Taiwán, todas ellas alcanzaron un desarrollo impresionantemente rápido y sostuvieron el crecimiento a través de estrategias comerciales internacionales.

En contraste con los tigres asiáticos, la mayoría de las naciones latinoamericanas, con la notable excepción de Chile no han continuado persistiendo en la apertura de sus economías hacia el comercio exterior. Como resultado, la mayoría de las economías de esas naciones están clasificadas actualmente como relativamente cerradas y carecen del dinamismo exterior de sus colegas asiáticos. Precisamente esa falta de apertura que está relacionada con la explicación de la razón por la cual Latinoamérica no ha experimentado el potencial económico a pesar de contar con una gran riqueza de recursos naturales.

Cierto es que en América Latina se han reducido mucho la tarifas de los aranceles por todo el continente desde un promedio de 49% en la época de la década de los 1980 hasta llegar a casi un 11% para el año de 2000. Sin embargo, todavía existen aumentos de impuestos arancelarios, una alta protección eficaz de algunas mercancías y barreras no arancelarias, las cuales en conjunto restringen al libre comercio. Adicionalmente, hay un largo trecho por recorrer para liberalizar el comercio exterior de Latinoamérica, en servicios tales como comunicación, transporte y finanzas. En un mundo actual en donde predomina el servicio al cliente, estas actividades son críticas como un aporte para la producción y el comercio.

Tanto en la teoría como en la práctica, se sugiere que los beneficios obtenidos al liberalizar el comercio exterior sean mayores si otros países estén liberando simultáneamente su comercio exterior. Después de todo, este fue el acercamiento multilateral mediante el cual las naciones industrializadas de la posguerra consiguieron tal éxito. Es también el motivo por el cual la fase final actual de liberación para la agrupación Doha la cual se ha terminado en este momento representaría una gran importancia para Latinoamérica.

En caso de que la agrupación de Doha permanezca paralizada, sería un grave error para los países de América Latina aceptar pasivamente el status quo. La experiencia de varias naciones - entre las cuales Chile, Corea, Hong Kong y Singapur - han mostrado que la liberación del comercio unilateral ofrece significantes beneficios. Y esto se realiza sin prejuicio de que sea probable que sea obtenido por una liberación de comercio multilateral antecedente.

Mientras que sería mejor para Latinoamérica una liberación de comercio multilateral el abrir sus mercados, disposiciones posteriores como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés) y el Tratado de Libre Comercio de Centroamérica (CAFTA, por sus siglas en inglés), ofrecerían también importantes beneficios a este continente. Podrían realizarlo de ese modo, tomando en cuenta que estén constituidos de tal manera que conduzcan a la creación de comercio internacional al contrario de una desviación para comerciar. Asimismo es de igual importancia que estos dispositivos de comercio regionales sean elaborados con el objetivo de que conduzcan barreras más bajas que altas para la liberación de comercio multilateral.

La experiencia sugiere que existen muchos métodos para que América Latina recolecte sus beneficios de un comercio más liberal. Sin embargo, dentro del contexto latinoamericano, no puede ser pasado por alto que el comercio exterior no es una panacea para un desarrollo económico más rápido. Cierto que para que el libre comercio rinda sus mejores frutos, es necesario el apoyo de una amplia reforma económica y a través de políticas financieras sensatas. En numerosas ocasiones, dentro de la región, los beneficios que de otra manera se habrían generado por medio de un comercio más liberal, serían negados por un derroche fiscal, por exceso monetario o por experimentos mal concebidos de una tasa de intercambio.

La obra Book of Ecclesiastes, nos enseña que para cada objeto hay un momento. En la actualidad, como en la mayoría de otras partes del mundo, América Latina está sintiendo un desarrollo económico más optimista que en varios años atrás. Un mejor momento para liberar el comercio internacional es tal vez ilusorio que aparezca por sí mismo. Sería una gran desgracia si Latinoamérica desperdiciara esta oportunidad para adoptar una estrategia de desarrollo con un enfoque más exteriorizado, la cual ha sido utilizada positivamente por un gran número de mercados económicos emergentes.

Desmond Lachman, Miembro Residente del American Enterprise Institute, donde se ha enfocado en mercados económicos emergentes y el papel de las instituciones financieras multilaterales. Antes de unirse a AEL, Lachman fungió como director ejecutivo y director de estrategia económica de mercados emergentes en Salomon Smith Barney. Previamente fungió como Subdirector del Departamento de Políticas y Revisiones del Fondo Monetario Internacional y fue una pieza clave en la formulación de las políticas económicas con respecto a América Latina del FMI (IMF, por sus siglas en inglés. El Sr. Lachman ha escrito sobre temas tales como políticas económicas, disponibilidad de fondos, reformas políticas, restricción de importaciones y tasas de divisas extranjeras.

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